Cuando comenzaron a caer las noticias sobre el Covid19, lo que significaba contraerlo y las medidas que había que tomar para reducir el contagio, quedamos en una situación tan distinta, nunca antes vivida por mí en mis 58 años, que aún conservo la sensación interna que registré en mi mente, mi cuerpo, mi corazón.
Habíamos llegado recién desde Puerto Varas a vivir a Viña del Mar, porque Santi había recibido una vacante para seguir sus estudios de Viola en el Conservatorio de la PUCV, por lo que movimos todos los resortes, soñamos y planeamos la mudanza en forma muy sentida y querida, llenos de esperanzas en una nueva vida para nuestra familia, cada uno en su ámbito. La forma como cambió la vida en marzo, tuvo que ver con suspender el río de las cosas por hacer, las urgencias... y los sueños. De pronto, al compás de las medidas de aislamiento social, cuarentena, suspensión de todas las actividades congregantes para cuidar y cuidarnos, nos encontraron preguntándonos: y ahora, qué? Y se levantó en mí la sensación de quedar colgados, limitados a las actividades mínimas: comer, dormir, asearse, y pasar el día adaptándonos a la nueva vida entre cuatro paredes.
Los Colgaos, entonces, representan esa sensación como de detención, inmovilidad, estupor, compás de espera. Pero como no sólo somos un cuerpo físico, nos acomodamos en este nuevo tiempo y al confinamiento, desde otras partes de nuestro ser y las redes sociales han dado cuenta del valor humano que vibra más alto, el que canta, el que se junta con otro para hacer música, los gestos de unidad, solidaridad, amor, nunca llenaron más las redes que ahora. Muchos comparten su conocimiento, sus técnicas para todo.
Un colgado entonces, es también un ser en reconstrucción de la mejor versión de sí mismo. Como la larva que llegará a ser mariposa, después de su tiempo de cápsula creadora de maravilla. Quizá al despertar, podamos crear entre todos un mundo mejor.
Eso representa mi colección de Colgaos 2020.
Habíamos llegado recién desde Puerto Varas a vivir a Viña del Mar, porque Santi había recibido una vacante para seguir sus estudios de Viola en el Conservatorio de la PUCV, por lo que movimos todos los resortes, soñamos y planeamos la mudanza en forma muy sentida y querida, llenos de esperanzas en una nueva vida para nuestra familia, cada uno en su ámbito. La forma como cambió la vida en marzo, tuvo que ver con suspender el río de las cosas por hacer, las urgencias... y los sueños. De pronto, al compás de las medidas de aislamiento social, cuarentena, suspensión de todas las actividades congregantes para cuidar y cuidarnos, nos encontraron preguntándonos: y ahora, qué? Y se levantó en mí la sensación de quedar colgados, limitados a las actividades mínimas: comer, dormir, asearse, y pasar el día adaptándonos a la nueva vida entre cuatro paredes.
Los Colgaos, entonces, representan esa sensación como de detención, inmovilidad, estupor, compás de espera. Pero como no sólo somos un cuerpo físico, nos acomodamos en este nuevo tiempo y al confinamiento, desde otras partes de nuestro ser y las redes sociales han dado cuenta del valor humano que vibra más alto, el que canta, el que se junta con otro para hacer música, los gestos de unidad, solidaridad, amor, nunca llenaron más las redes que ahora. Muchos comparten su conocimiento, sus técnicas para todo.
Un colgado entonces, es también un ser en reconstrucción de la mejor versión de sí mismo. Como la larva que llegará a ser mariposa, después de su tiempo de cápsula creadora de maravilla. Quizá al despertar, podamos crear entre todos un mundo mejor.
Eso representa mi colección de Colgaos 2020.
Que lindo significado y que puedas expresarlo, plasmarlo en bellas figuras llenas de color y sentido del humor��❤️��hermoso trabajo! Yo quiero uno de todas maneras ��
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