domingo, 5 de abril de 2020

Cuando había mariposas. (Cuento Nº1)



Hoy estaba siendo un día triste y aburrido. Cuando llegué del colegio, mi mamá me dijo que me saque el uniforme, que me cambie de ropa y que me ponga el delantal. Mi delantal es blanco y tiene vuelos en los hombros y siempre está duro porque lo lavan con almidón. Cuando ya me vestí, ella me sirvió la leche y un pan con mermelada y mantequilla de campo.

Mientras masticaba, pensaba en lo sola que estaba. No tengo con quién jugar y me aburro con las muñecas, los libros, los rompecabezas y hoy no tenía tarea. Mirando hacia afuera, vi que en el jardín comenzaban a florecer las plantitas que sembró mi mamá y se veían ya los colores de cada una. Cuando terminé de comer, decidí salir al jardín a contar cuántas flores había.

De pronto, escuché un aleteo suave y rápido que pasó detrás de mí. Me di la vuelta y era una mariposa… sus alas negras pintadas con muchos colores me hicieron saltar el corazón y quise atraparla. Ella volaba sobre las flores y yo detrás, tratando de no asustarla para poder agarrarla con suavidad, pero ella no estaba de acuerdo. De pronto, voló sobre la reja del jardín que da a la calle, y yo entusiasmada por alcanzarla, la seguí.

La mariposita se posaba en un pastito, en una ramita y avanzaba despacio de cosa en cosa, sin quedarse quieta en ninguna parte.

Tuve que cruzar dos calles para seguirla. Los vuelos de mi delantal se movían casi como sus alitas en mi apuro por no perderla, y entonces me di cuenta de lo lejos que estaba de mi casa. Y que el sol ya se estaba escondiendo. Y ahí fue cuando lo vi: cerca de un basurero, en una esquina, había un rollito de piel con ojitos brillantes que me miraba.

Era un perrito tan chiquito, que casi no lo distinguí por la sombra del tacho de basura. Me acerqué más despacito que si fuera una mariposa y le hice cariño hasta que sacó la lengüita y me lamió. Con cuidadito lo tomé y él se acomodó tranquilo en mis brazos y comencé a volver a mi casa. Mi corazón no podía más de alegría. Se me olvidó hasta la mariposa y mi mamá… ¿qué iba a decir si yo llevaba un perrito a la casa?


No me importaba nada, porque ya tenía un compañero. Sé que mi mamá va a entender, porque a ella también le gustan las mascotas.

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